Carta de Elena e Irene, sus hermanitas PDF Imprimir

Carta de Elena e Irene, a las que mi hija de una forma expontánea, natural, había dado la categoría de "hermanitas". Las tres juntas han compartido infinidad de buenos momentos. Para ella eran un referente. En el juicio no las dejaron declarar, pero lo verdaderamente grave es que las técnicas de la Administración no quisieron hablar con ellas, conocerlas, ver lo que mi hija tenía. La felicidad que mi hija tenía con sus "hermanitas" no les importaba nada.

Minutos antes de la cruel retirada M. me preguntó: "Papi, ¿este fin de semana veré a mis hermanitas?" Yo le respondí que sí.

¿Alguien es capaz de ponerse en la cabecita de esa nena, de ver su desconcierto, de ver cómo todo, absolutamente todo su mundo se le hunde por culpa de unas cuantas funcionarias que no conocían nada de nada?

 Texto de la carta:

Hoy nos sentamos aquí, a escribir esta carta que tanto nos hace sufrir, a esforzarnos por plasmar todo nuestro dolor, a escribir lo mucho que la echamos de menos,  a intentar encontrar las palabras que hagan que alguien nos la devuelva, y sufrimos, sí… sufrimos por ella.

Hace 6 meses que no vemos a nuestra hermana y pocas personas pueden entender lo que para nosotras supone levantarse cada mañana preguntándose, ¿Dónde está?, ¿Cómo estará?, ¿Nos echará de menos?, ¿La volveremos a ver?...

Una gran parte de nuestra vida se paró el día que se la llevaron, una parte esencial, que espera que vuelva para poder continuar,  una parte que no acepta que no la tengamos con nosotros y que no está dispuesta a simular que la vida continua sin ella, una parte que va a luchar y luchar…

Cuando alguien se atrevió a juzgarnos (sin conocernos) de mala familia, no nos hizo dudar, pero sí que nos hizo pensar, hicimos el esfuerzo de preguntarnos a nosotras mismas, si nos estábamos equivocando, pero no conseguimos recordar ni un solo día en el que sintiésemos que no éramos una familia unida, ningún día en el que sintiésemos que M. no iba a ser feliz con nosotros. Sí, hemos hecho el esfuerzo, pero seguimos pensando que se están equivocando.

 Una equivocación que nos ha hecho perder a nuestra hermana, pero por mucho que nos duela, no es ni comparable con lo que significa perder una hija, ni mucho menos lo que significa para ella haberlo perdido todo. A sus hermanas, a mi madre, a Pili, a sus primas, a Paola y Lydia, a Coque, a Bea, a Inma, a lucky; pero sobretodo a Paco, a su “papito” que no comprendemos cómo alguien puede haberlo considerado una persona incapaz de cuidar a su hija, sin haber intentado conocerlos, ni a él, ni a ella, juntos; no alcanzamos a entender cómo alguien puede creer que Paco es una persona inafectiva, sin haber preguntado a aquellas personas que le quieren, (porque le queremos con locura,) y a aquellos a quien él quiere.

Nos resulta increíble la forma con la que le juzgan, porque a nosotras, que sabemos que Paco es una buena pareja, un buen amigo, una buena persona y un buen padre, nadie nos ha preguntado.

Somos conscientes de que desde fuera nuestra familia da una imagen desestructurada, nuestros padres están separados, Paco está separado, mi madre nos tuvo a nosotras y Paco adoptó una hija con otra mujer. Pero estoy segura de que si alguien se hubiese preocupado de verlo desde dentro, cambiaría totalmente de opinión, porque aunque a lo mejor no seamos el prototipo de familia “normal” nos queremos tanto… Nosotras queremos a Paco como un segundo padre, y a M. como una hermana, M. quiere a mi madre como una segunda madre, incluso se quieren como parte de una misma familia: mi padre y Paco.  Y ahora de repente alguien que no nos conoce, ni quiero hacerlo, decide que este entorno no es bueno para ella. Y aquí nos quedamos todos, temiendo que ella pueda sentir que la hemos abandonado, de igual forma que nosotras sentimos que nos la han raptado, que de la noche a la mañana nos la han quitado. Y solo con pensar que a lo mejor no es feliz, no poder protegerla, no ser parte de su vida, ni de sus decisiones nos hace sentir impotentes. Porque sabemos que con nosotros a su lado lo sería.

Y ahora, lo único que podemos hacer es esperar a que alguien nos escuche, nos entienda, nos ayude.
Porque no estamos dispuestas a dejar que M. nos olvide.  
Porque no nos conocen de nada y nos lo han quitado todo.

Elena e Irene

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar