La adopción PDF Imprimir

El calvario de la adopción.

 

(que se entienda bien: la adopción es un proceso ilusionante, maravilloso, lleno de amor… a pesar de la Administración)

 

Cualquier persona que decida adoptar sabe bien el laberinto de papeles, gestiones y tiempo que deberá dedicar en lo que parece una carrera de obstáculos. Con todo, ésta es la opción que muchas familias escogen en su deseo de tener hijos. Así lo hicimos la entonces mi esposa y yo. Fuimos dando todos los pasos que la ley establece, enfrentándonos a las burocracias no sólo de Cataluña, también del país de origen del posible hijo. Demostramos no una sino varias veces la idoneidad. Fuimos investigados en nuestra salud, nuestra intimidad, nuestra casa, el entorno... Si la mitad de las exigencias se aplicaran a las familias biológicas no habría casi niños en este país. Con todo, es un proceso ilusionante, donde aguantas lo que sea pensando que un día todo habrá valido la pena. La opción por la adopción siempre es un proceso maduro.

 

Tras años de papeleos, de pasar por infinidad de abogados, notarios, registradores, psicólogos, médicos, traductores, funcionarios varios, entidades de todo tipo... de volver a empezar muchas veces porque los papeles caducan, un día llega la noticia tan esperada: Habíamos solicitado la adopción internacional y también la nacional, en Cataluña. En julio de 2006 nos asignan una nena nacida en Cataluña. El proceso había empezado más de tres años antes.

 En ese momento la nena, M., cumplía los 6 meses de edad. Una nena preciosa, que se integra rápidamente, que va creciendo y desarrollándose con total normalidad. Una nena que nos cautiva, con unos ojos verde esmeralda que llaman la atención. Pero las torturas administrativas continúan. El maremagnum administrativo (M. está tutelada por la Dirección General de Atención a la Infancia –DGAIA- pero la adopción la lleva el Instituto Catalán de Acogimiento y Adopción –ICAA- y el seguimiento otra entidad colaboradora de la Administración, la Fundación Parlament...) y la no inscripción en plazo de M. en el registro civil imposibilitan que se avance en el proceso adoptivo. M. está, así, en un permanente estado de desamparo legal y esto a la larga ha sido decisivo.

 

A los padres se nos exige la protección física, emocional de nuestros hijos. ¿Y la protección jurídica? La administración hace dejación de su responsabilidad.

 
Mientras tanto el tiempo pasa, M. es una nena feliz, con un entorno privilegiado. Las dificultades administrativas se asumen como un coste inevitable de un sistema complejo. Lo importante, el bienestar de la nena, está garantizado y eso es lo que cuenta.

 

El tiempo pasa y las familias evolucionan. Mi esposa y yo decidimos separarnos como mejor opción para nuestras vidas. Para un hijo nunca es buen momento la separación de sus padres, pero M. lo asume con normalidad, lo tiene integrado en su vida e incluso presume de tener dos casitas.  En poco tiempo, la nena tiene dos años en ese momento, la situación es normal y M. continúa creciendo y madurando rodeada de afecto.

 

Pero las alarmas saltan en la administración. No se concibe que una pareja separada pueda ser padre y madre de una nena que está en adopción. Dificultades surgidas, como tantas en la vida, generan desconfianza. No se concibe que un hombre separado pueda ser padre adoptivo. Ante la duda, ante el miedo a que se repitan situaciones muy desagradables, en las que graves fallos de la administración han sido fatales para los niños bajo su responsabilidad, la administración decide romper el proceso.

 

M. tiene en ese momento casi tres años y medio. No hay ni un solo indicio, ni un solo informe, ni la más mínima sospecha de que la nena presente cualquier problema, y sin embargo es bruscamente retirada de su familia y entregada a otra.

 

Me convocan a una reunión, con un escueto telegrama, y me dicen que vaya con la nena. Se la llevan a un cuarto aparte y a mí me reciben cuatro personas para decirme que ya no la veré nunca más. Sólo una de ellas ha visto a la nena, y tan sólo por espacio de una hora dos días antes.

 

En ese momento la nena es arrancada de todo: de su familia, de sus amiguitos, de su ropa, de su casa, del colegio... absolutamente de todo. Mi sensación es la de que me están secuestrando a mi hija. Desaparece radicalmente, nadie se interesa por nada. El argumento es: “nosotros somos los responsables y nosotros decidimos.” El sentimiento de abandono que M. debe sentir en esos momentos es tremendo.

 
Evidentemente me pongo en movimiento para recuperar a mi hija. Todos los informes, absolutamente todos eran siempre positivos o muy positivos. Nadie ha hablado conmigo, ni han venido a mi casa, ni han hablado con la tutora del colegio actual, ni con los pediatras. No han querido comprobar lo que todo el mundo sabe: que M. es una nena feliz. Es mi hija por encima de lo que digan los papeles. Por suerte, la capacidad de intervención de la administración no llega al corazón ni a la conciencia.

 

La administración es una máquina compleja. Aparecen en escena coordinadores, responsables, jefes de departamento, directores, subdirectores... pero nadie que haya tratado a la nena. Durante semanas hablaré con infinidad de funcionarios que no han conocido a la nena. Por el contrario, la persona que ha estado haciendo el seguimiento hasta el día del secuestro es apartada radicalmente y se le prohíbe, literalmente, hablar conmigo. Ante la intransigencia de esta administración, inicio pasos a todos los niveles. Recibo infinidad de apoyos de todo tipo. Se inician también las acciones judiciales para resolver el tema. Por supuesto que confío en que la justicia resolverá esta situación a pesar de los complejos procesos que existen y de su lentitud. Si todos estamos de acuerdo en que lo primero es el bienestar de M., ésta debe ser retornada con su padre. Ese bienestar estaba más que garantizado y demostrado. Sé que mi posición legal es muy débil ya que se considera que mi hija está en situación legal de desamparo y por tanto la administración puede hacer lo que quiera, pero ¿no hemos quedado que lo importante es la nena?

 

En el colegio siguen esperando a M. Sus amiguitas preguntan por ella a menudo. En casa la seguimos esperando, sus juguetes, su ropa... están ahí.

Y su padre seguirá luchando por ella. Sus ojos, de un color verde esmeralda (maragda en catalán) volverán a mirarme.

 

 

Comentarios  

 
#4 13-04-2011 17:17
Cito a Pily Sánchez:
Ánimo. ¡Y ojalá consigas tener a tu nena de nuevo!

seguro que lo conseguiras
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#3 13-04-2011 09:56
Molts ànims! Sóc mare d'un fill adoptiu que ara ja té 14 anys i d'un altre biològic de 16, i no sabria que fer si per una justicia tan injusta se m'emportessin a qualsevol dels dos. Una abraçada!!!
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#2 13-04-2011 09:42
Ánimo. ¡Y ojalá consigas tener a tu nena de nuevo!
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#1 25-02-2010 21:03
Estic perplexa per tot el que dius. Ánim, coneixo més casos, els hi ensenyaré la web aquesta. És increible. Una abraçada
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